Los datos hablan por sí solos: cada año, crece la cantidad de hogares que adoptan una mascota y destinan parte de su presupuesto mensual a su bienestar. En muchos países, más del 60% de las familias conviven con al menos un animal. Y no solo eso: también aumentan los gastos en productos y servicios para ellos.
Esto abre un escenario favorable para los pet shops. Pero también exige adaptarse a un consumidor más emocional, informado y demandante.
¿Qué podés hacer en tu tienda para estar a la altura?
Ampliar tu propuesta con productos útiles y con diseño.
Crear espacios de experiencia en lugar de solo estanterías.
Acompañar al cliente en su recorrido con asesoramiento, contenido y postventa.
Escuchar: entender qué buscan, qué problemas quieren resolver, qué los emociona.
Las tiendas que entienden a las nuevas generaciones de tutores como verdaderos “padres de mascotas” son las que van a crecer. Porque ofrecer productos no alcanza: hoy hay que ofrecer respuestas, confianza y empatía.











