Lo repetimos todos los días: para llamarlos, darles de comer, jugar o simplemente hablarles. Pero ¿perros y gatos realmente saben que esa palabra es su nombre?
La respuesta es muy interesante: ambos pueden aprender a distinguirlo de otras palabras, aunque la forma en que reaccionan puede ser muy diferente.
Los perros aprenden a asociarlo rápidamente
En los perros, el nombre suele convertirse en una señal importante. Aprenden que cuando escuchan ese sonido probablemente viene algo después: atención, una indicación, comida, un paseo o simplemente la interacción con su tutor.
Con el tiempo, logran diferenciarlo de muchas otras palabras que usamos habitualmente.
¿Y los gatos?
Aunque a veces parezca que nos ignoran, diferentes estudios encontraron que los gatos también pueden reconocer su nombre.
Los investigadores observaron que algunos reaccionan moviendo las orejas, girando la cabeza o modificando la posición del cuerpo al escucharlo, incluso cuando no se acercan a quien los llama.
Es decir: que tu gato no venga no significa necesariamente que no te haya escuchado o reconocido.
Perros y gatos aprenden constantemente de nuestras rutinas y de los sonidos que repetimos. Su nombre termina siendo una de esas palabras especiales que forman parte del vínculo cotidiano con nosotros.











