Volviste a trabajar más horas, terminaron las vacaciones, los chicos comenzaron nuevamente las clases o simplemente empezaste a pasar menos tiempo en casa.
Para vos puede tratarse solamente de un cambio de horarios.
Pero para tu gato también significa que su mundo cotidiano empezó a funcionar de otra manera.
Aunque muchas veces pensamos en los gatos como animales extremadamente independientes, la realidad es un poco más compleja.
Pueden disfrutar muchísimo de pasar tiempo solos, pero también construyen rutinas, reconocen horarios y desarrollan vínculos con las personas con las que conviven.
Por eso, cuando nuestra vida cambia, la de ellos también puede cambiar.
Los gatos aman la previsibilidad
Tal vez tu gato no tenga un reloj, pero probablemente conozca bastante bien tu rutina.
Sabe aproximadamente cuándo te levantás.
Reconoce el momento en que preparás su comida.
Puede anticipar cuándo te sentás en determinado lugar de la casa.
Y seguramente haya aprendido a interpretar pequeños detalles que anuncian que estás por salir.
Las llaves, una mochila, determinados zapatos o simplemente una secuencia de movimientos pueden convertirse en señales.
Los gatos son grandes observadores.
Por eso, una modificación importante en la rutina puede necesitar un período de adaptación.
¿Cómo puede reaccionar?
No todos los gatos responden de la misma manera.
Algunos prácticamente no muestran cambios visibles.
Otros pueden comenzar a comportarse de manera diferente.
Por ejemplo, podrían:
- maullar más de lo habitual;
- seguirte por la casa cuando regresás;
- demandar más atención;
- mostrarse especialmente activos al final del día;
- modificar sus horarios de descanso;
- perder interés temporalmente por algunas actividades;
- buscar más contacto o, por el contrario, esconderse más.
Esto no significa automáticamente que exista un problema serio.
Muchas veces se trata simplemente de una adaptación frente a una nueva rutina.
¿Es ansiedad por separación?
Cuando pensamos en ansiedad por separación solemos imaginar inmediatamente a un perro que ladra o destruye objetos cuando se queda solo.
En gatos, la situación puede ser mucho menos evidente.
Algunos pueden tener dificultades relacionadas con la ausencia de una persona concreta, pero también hay comportamientos que pueden aparecer por aburrimiento, frustración, falta de estimulación o un cambio brusco de hábitos.
Por eso no conviene interpretar cualquier conducta diferente como ansiedad.
La clave está en observar cuándo comenzó, con qué frecuencia ocurre y qué otros cambios aparecieron al mismo tiempo.
Preparar el ambiente puede hacer una gran diferencia
Si sabés que vas a comenzar a pasar más horas fuera de casa, podés ayudar a que tu gato tenga un ambiente más interesante mientras está solo.
Los gatos necesitan oportunidades para explorar, observar, trepar, esconderse y jugar.
No hace falta llenar la casa de juguetes nuevos.
Muchas veces pequeños cambios son suficientes.
Un lugar elevado desde donde pueda mirar por una ventana, una caja de cartón, un rascador, juguetes que puedan rotarse cada algunos días o pequeñas sesiones de juego antes de salir pueden aportar estimulación.
Los juguetes que permiten buscar o conseguir alimento también pueden ofrecer una actividad interesante durante parte del día.
No dejes todos los juguetes siempre disponibles
Puede parecer contradictorio, pero si un gato tiene exactamente los mismos juguetes disponibles todos los días, algunos pueden perder rápidamente su interés.
Una estrategia sencilla es guardar parte de ellos e ir rotándolos.
Algo que desapareció durante una semana puede volver a resultar atractivo cuando reaparece.
También es posible cambiar pequeños elementos del ambiente para ofrecer nuevas oportunidades de exploración.
Para un gato, investigar algo diferente puede convertirse en una actividad importante.
Mantené algunas rutinas
Aunque tus horarios cambien, intentar conservar ciertos momentos previsibles puede facilitar mucho la adaptación.
Por ejemplo:
mantener horarios relativamente estables para la comida, dedicar algunos minutos al juego cuando regresás o conservar determinadas rutinas antes de dormir.
La idea no es organizar toda la vida alrededor del gato.
Simplemente ofrecer algunos puntos de referencia que continúen siendo familiares.
La previsibilidad puede ayudar a que el ambiente resulte más seguro.
La calidad del tiempo también importa
Pasar menos horas en casa no necesariamente significa tener un vínculo peor con tu gato.
Muchas veces importa tanto cómo interactuamos como cuánto tiempo permanecemos físicamente cerca.
Una sesión corta de juego realmente interactivo puede resultar mucho más estimulante que pasar una hora juntos sin ningún tipo de interacción.
Podés utilizar una caña, una pluma o un juguete que imite movimientos de presa y permitirle acechar, perseguir y capturar.
Después del juego, incluso puede ser un buen momento para ofrecer su comida.
Esa secuencia reproduce de alguna manera comportamientos naturales de búsqueda y captura.
Prestá atención a los cambios persistentes
Hay un punto especialmente importante.
No todos los cambios de comportamiento se explican por nuestra rutina.
Si tu gato deja de comer, modifica mucho el uso del arenero, se esconde constantemente, vocaliza de manera inusual, pierde peso o presenta cualquier comportamiento que te preocupe, conviene consultar con un veterinario.
Los gatos pueden ocultar muy bien algunas molestias físicas.
Por eso, ante un cambio brusco o persistente, lo primero debería ser descartar un problema médico.
También puede acostumbrarse
La buena noticia es que los gatos tienen capacidad para adaptarse.
Una rutina diferente puede resultar extraña durante los primeros días, pero progresivamente puede transformarse en la nueva normalidad.
Con un ambiente estimulante, momentos de interacción y cierta previsibilidad, muchos gatos terminan incorporando los nuevos horarios sin mayores inconvenientes.
Quizás después de unas semanas tu gato incluso haya desarrollado una nueva rutina completamente independiente de la tuya.
Dormir durante buena parte de tu ausencia.
Mirar por la ventana.
Visitar su lugar favorito.
Esperar determinado sonido.
Y aparecer misteriosamente cerca de la puerta justo antes de que regreses.
Porque puede que tu gato no entienda qué significa “volví a trabajar presencial”.
Pero sí se da cuenta cuando su mundo cotidiano empieza a funcionar de una manera diferente.











