Después de años de operativos, entrenamientos y trabajo junto a su guía, Hela finalmente puede empezar una vida mucho más tranquila.
Esta retriever de Chesapeake formó parte durante nueve años del plantel de Detectores de Narcóticos de la Policía Federal Argentina, donde desarrolló una tarea muy particular: utilizar su extraordinario sentido del olfato para colaborar en procedimientos relacionados con la detección de sustancias ilegales.
Su historia volvió a llamar la atención esta semana porque, después de una extensa carrera, llegó el momento de su retiro.
Y no fue una despedida cualquiera.
Hela fue recibida en Casa Rosada junto a su guía y entrenadora, la sargento Susana Viamonte, como reconocimiento a los años que ambas compartieron trabajando como un verdadero equipo.
Mucho más que un perro entrenado
Los perros que trabajan junto a fuerzas de seguridad atraviesan largos períodos de entrenamiento para aprender a identificar determinados olores y responder ante diferentes situaciones.
Su capacidad olfativa los convierte en colaboradores muy valiosos: aquello que para nosotros puede pasar completamente desapercibido puede ser detectado rápidamente por ellos.
Pero detrás de ese trabajo también existe algo fundamental: el vínculo con su guía.
Hela y Viamonte compartieron prácticamente una década de rutina, entrenamiento y operativos. Con el paso de los años, esa relación dejó de ser solamente profesional.
De hecho, hay un detalle de su historia que demuestra lo especial que era ese vínculo.
Viamonte estaba en condiciones de retirarse de la Policía Federal en 2024, pero decidió continuar en actividad durante dos años más para poder terminar su carrera junto a Hela.
Después de tantos años trabajando lado a lado, también quisieron cerrar esa etapa juntas.
Nueve años de servicio
A lo largo de su trayectoria, Hela participó en numerosos procedimientos vinculados a la Dirección General de Operaciones Antidrogas Hidrovía Paraná y colaboró en distintos operativos contra organizaciones dedicadas al narcotráfico.
Para un perro de trabajo, una jornada puede ser muy diferente a la de cualquier mascota que vive en casa.
Hay entrenamientos constantes, traslados, nuevos ambientes, estímulos desconocidos y tareas que requieren concentración.
Por eso, cuando llega el momento de retirarse, también comienza una transformación importante en su vida cotidiana.
Lo que durante años fue una rutina de trabajo pasa a convertirse en algo completamente distinto.
¿Qué pasa cuando se jubila un perro de trabajo?
Aunque solemos asociar la palabra “jubilación” solamente con las personas, los perros que cumplen funciones específicas también tienen una etapa en la que dejan de trabajar.
La edad, el estado físico y las características particulares de cada animal influyen en cuándo llega ese momento.
A partir de allí comienza una adaptación progresiva a una vida con menos exigencias.
Eso significa cambiar entrenamientos y operativos por paseos tranquilos, descanso, juegos y mucho más tiempo para simplemente ser perro.
Para algunos animales puede incluso ser necesario acostumbrarse a una rutina completamente nueva después de años en los que determinadas actividades formaban parte de prácticamente todos sus días.
Y ahí nuevamente el vínculo con sus personas se vuelve fundamental.
Una nueva etapa
Después de nueve años de servicio, Hela ahora puede disfrutar de aquello que cualquier mascota conoce muy bien: dormir sin horarios, salir a pasear sin tener una misión específica, recibir mimos y pasar tiempo con las personas que conoce.
Su historia también sirve para recordar algo que muchas veces queda detrás de los uniformes, los entrenamientos y los operativos.
Los perros de trabajo no son solamente una herramienta dentro de una tarea.
Son animales que construyen vínculos, rutinas y relaciones profundas con las personas que los acompañan.
Para Hela, esa persona fue durante años su guía.
Ahora ambas terminan juntas una etapa que ocupó buena parte de sus vidas.
Y después de tantos años usando su olfato para trabajar, probablemente haya llegado el momento de dedicarlo a cosas mucho más simples: encontrar una golosina escondida, reconocer el camino de su paseo favorito o descubrir quién abrió algo rico en la cocina.
Porque después de nueve años de servicio, Hela también se ganó una muy merecida jubilación.











